Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Por Adriana Bruno

Se desliza por la pista de baile sin perder jamás la compostura… Y llama la atención, aunque pretenda confundirse con la centena de personas que, con sus más y sus menos, gastan el piso de La Viruta. El hombre de postura impecable, posiciones imposibles y tantas otras virtudes, se llama Rafael Francisco Mendaro, y desde hace dieciocho años da clases de rock and roll y de tango. Muchos de los maestros que hoy multiplican la enorme y creciente movida rockera en Buenos Aires y sus alrededores, aprendieron con él. Así como él dio sus primeros pasos junto al gran Elvis Villapol.

Así como lo ven ahora, por aquellos días Mendaro solamente había bailado en cumpleaños, casamientos y otras celebraciones de su ciudad natal, la entrerriana Nogoyá. Eso sí, cualquiera podría atestiguar que Rafael era el alma de la fiesta. Porque, claramente, aquel muchacho ya tenía el ritmo y la prestancia recorriéndole la sangre desde chico.

Su casa o La Viruta son las opciones que ofrece Rafael para la charla. Opción falsa, porque La Viruta ya es prácticamente su casa. En la famosa sala de Palermo es donde empezó a dar clases de rock y de tango, ritmos a los que después agregó el swing. Viene de organizar allí la 6º Edición del Virurock, uno de los más importantes concursos de baile de rock and roll amateur, y también viajó a Santiago de Chile, donde dio un seminario en el marco de “Chile baila Boogie Woogie & Rock and Roll”. Muy caballero, se dio el tiempo entre una clase y la otra para sentarse con Gente de Rock a repasar un poco de su historia, y dar (o no dar) algunos consejos a bailarines de toda clase.

“Empecé a bailar de bastante grande –cuenta-. Es que en mi ciudad no había mucho rock, y justo cuando vine a Buenos Aires se empezó a poner de moda la cumbia, que no me copaba mucho… así que cuando escuchaba un rock me ponía a bailar solo, así nomás. Ya tenía 28 años el día que pasé por Monroe y Arcos, un lugarcito chiquitito donde estaban bailando rock, y lo vi a Elvis Villapol. Me quedé fascinado, mirando desde la vidriera un rato largo hasta que me animé a entrar, pregunté, ya estaba terminando la clase, así que me citó para la siguiente. Y así empezó todo”.

Desde esa primera clase, ¿pasó mucho tiempo hasta que te convertiste vos mismo en profesor?

A los dos o tres meses de estar tomando clases, un día Elvis me dice ‘¿me ayudás con esta gente, para repasar el básico?’ Y bueno, me animé. Entonces iba una hora antes, a la clase de los principiantes, y en la hora siguiente tomaba mi clase en avanzados. Fui aprendiendo la dinámica de enseñar a la vez que aprendía. Al año comencé en La Viruta, con una clase semanal de 20, 25 personas, los sábados… al mes ya teníamos 150. El profesor que estaba se iba, y me quedé yo con la profe, Lucía (una muy buena bailarina de rock que ya no baila más), y después seguí con Natalia, que hoy tampoco está bailando. Al ver el crecimiento de esto pusimos otra clase más los miércoles y otra los domingos, y así fue creciendo. Después los llamé a los chicos Biggeri (los hermanos Ernesto y Ricardo), que son unos genios. Y seguí organizando clases, siempre en La Viruta.

¿En qué momento te diste cuenta de que te ibas a dedicar por completo al baile, de que ibas a hacer de esta pasión tu forma de vida?

En el 2000, con la caída de (el entonces presidente) De la Rúa, me quedé sin laburo en Diseño gráfico, que era mi profesión. Dejé de tener clientes, y como ya estaba dando clases de rock y de tango, me dije ‘bueno, le voy a poner pilas a esto’, y empecé a dar más clases, y a vivir de esto. Digamos que un poco me llevó la situación, pero por suerte en esto nunca me faltó trabajo. Y siempre me gustaron las profesiones libres, artísticas, independientes. Nunca creí en la autoridad, entonces no podía estar más de tres meses trabajando en relación de dependencia, porque no consideraba a una persona superior a mí en el sentido de que me podía mandar; respetaba su trayectoria, pero me terminaba aburriendo de obedecer. Con los maestros que tuve en el baile siempre fue diferente, porque la autoridad pasaba por el ejemplo: en ellos veía lo que yo quería hacer, adonde yo quería llegar.

¿Y el tango cuándo empezó?

Empezaron las dos cosas juntas. Llegué a La Viruta porque sabía que había clases de tango y de rock… hace ya dieciocho años de eso. Al tanguero le encanta el rock. De alguna manera están asociados. Hay mucha cultura de tango y rock juntos, mucho más que de tango y salsa, por ejemplo.  Y se pueden aprender simultáneamente porque en lo técnico son muy diferentes; no hay forma de confundirlos. El tango tiene una estructura de abrazo, que por ahí lo meto un poco más en el swing, o viceversa.

¿Existen realmente distintos estilos de bailar el rock, según los profesores?

¡¡¡Sí, totalmente! Hay estilos claramente marcados. Yo lo que trato de enseñar no es un estilo, sino una manera, una didáctica, para que el alumno después pueda elegir el estilo y no le cueste entenderlo. Es decir, le doy herramientas para elegir un estilo. Me parece que uno no tiene que crear clones, tiene que formar bailarines que elijan su propia manera. Y no los ato: que tomen las clases que quieran, donde quieran y con quien quieran; no soy el profe celoso. Yo aprendí de esa manera y me gusta enseñar de esa manera.

Desde tu experiencia, ¿cómo fue creciendo y/o cambiando la cantidad de gente que se acerca al rock para bailarlo, además de escucharlo?

Fue una oferta que la gente descubrió, y como la descubrió la empezó a tomar, y cada vez empezó a haber más gente bailando rock. Había muy pocos lugares y muy pocos profes. Elvis era uno de ellos, había un señor Charly, Horacio… gente grande que daba clases para un público también de gente grande. Nosotros juntamos un público más joven. Siempre laburamos desde el bajo perfil, sembrando sin estridencias, laburando acá, dando las clases, bailando con los chicos, con las chicas…

¿Es cierto que te gusta dar clases a principiantes?

Está re bueno. ¡Me encanta! Hay profes que reniegan de eso, pero está bárbaro. Es gente mucho más abierta, se emociona por todo, le parece todo mágico. El avanzado ya cancherea, se cree que las sabe todas, en cambio el intermedio o el principiante es mucho más permeable.

¿Qué consejo técnico le darías a un estudiante intermedio?

Al alumno intermedio o avanzado siempre le recomiendo el respeto por el cuerpo del otro, tratando de que la conexión entre la pareja sea fluida y suave, sin tirones innecesarios. Trabajo bastante sobre eso y sobre la musicalidad.

Y al que recién está empezando, o al que baila sólo para divertirse, ¿qué le dirías?

Desde la técnica, ¡nada! Es el momento del disfrute, de conectarse con los primeros pasos del baile y con la música. Aliento su avance y su entusiasmo.

 

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