En los pensamientos de una Rockera

En los pensamientos de una Rockera

Puluu Bucella… una alumna, compañera, futura instructora y ya amiga de Gente de Rock tuvo su entrega Final de Fotografía en la facultad y como temática principal… el baile… el sentimiento del bailar.

Se le preguntó a algunos de los protagonistas de las fotos ‘QUÉ ES BAILAR?’ y estas fueron las respuestas:


“Gracias Gente de Rock :: Clases de Rock and Roll y mucho más por abrir las puertas de sus clases esta vez para sacar fotos, y demás eventos de rock y de swing”  Puluu Bucella.

Muchas gracias Puluu Bucella por tenernos en cuenta, nos super encanta… que la familia rockera sea parte de tus pensamientos y tengan protagonismo en tus otras pasiones.

El Picaporte (O como los objetos sangran historias)

El Picaporte (O como los objetos sangran historias)

El picaporte (O como los objetos sangran historias)

La puta madre, estos viejos no se van más y yo con un sueño para veinte. Hace frío, está lloviznando y son más de las 3 de la mañana, pero las amigas de mi vieja son así. Cuando se juntan son como adolescentes rememorando anécdotas y cagándose de risa de la vida. Truco va, truco viene, que un tinto de acá y la presión alta por allá. Una, la Yoli se copeteó y se puso a bailar con el picaporte de la puerta. Otra anécdota para el cumpleaños número 57 de Graciela, mi vieja. Por suerte para mí, ya se están yendo. Ya me quiero ir a la mierda.

Tras los últimos saludos, cierro la puerta de madera de la entrada… con la mala leche que del portazo me quedo con el picaporte en la mano y se me desarma todo. La puta que los parió, para mí que lo rompió la Yoli. Che vieja, este picaporte está hecho mierda. Está todo gastado. Parece como si lo hubiesen pulido con una lija. ¿Por qué no vamos mañana a la mañana a la Ferretería y lo cambiamos?

La cara de mi vieja se transfiguró y sonrió tibiamente. Pero como lo voy a tirar, hijo, está en esta casa, que era de tus abuelos, desde que tengo memoria. Ahora vemos como lo ponemos de vuelta.

Vieja, todo bien con la memoria pero guardalo en el altillo y comprá uno nuevo, necesitás uno para que no te entren a afanar, mirá lo tengo en la mano y está hecho bolsa… bue no discutamos, mejor me voy a dormir.

Mi vieja no dijo nada. Se sentó en el comedor y cebó pacientemente unos mates con el agua caliente que quedó de un termo. No puedo rechazar un mate. El primer sorbo fue la excusa necesaria para la charla que nos teletransportaría a ese mismo comedor, ahora en sepia. El calendario incrustado en la pared nos dice que estamos en abril de 1975.

A mi lado están la Yoli y Graciela, en plena adolescencia, estudiando para una lección oral de Geografía. La madre (que reconozco al toque, es Adela, mi abuela) se acerca a ella. Gra querida, voy a comprar unas cosas al almacén y vuelvo en un rato, portate bien, ¿sí?.

Un beso en la frente. La madre gira el picaporte y sale. Cierra la puerta. Yoli y Graciela se miran. Sonríen. Yoli saca de su mochila un disco, un single de 7 pulgadas que le prestó su hermana mayor. Salen corriendo al tocadiscos. Sacan el disco que estaba puesto. Ponen el que trajo la Yoli. Suena “Travelin’ Band” de Creedence Clearwater Revival. Mirá-lo-que-me-está-enseñando-mihermana y se ponen a bailar rock en el comedor a todo trapo. Luego, bajo la estricta supervisión de la Yoli, Graciela baila tomando de compañero al picaporte de la puerta principal, el mismo que tengo gastado y roto en la mano.

Hay tiempo para el lado B del disco. Suena “Down On The Corner” y siguen bailando. Dale Yoli apagá que ya llegó mi mamá! La madre entra. Las encuentra despeinadas y jadeando. Sonríe tiernamente. Gra, no tienen que andar escondiéndose para bailar eso que suena a veces en la radio, pero primero estudien y después bailan. Y no se olviden de dejar en el tocadiscos el disco que estaba antes, porque es de tu papá y se va a enojar si se entera que le andás tocando sus cosas. Graciela pone el longplay que estaba antes para no levantar sospechas. Curiosamente, es un disco de Julio Sosa que contiene “El firulete”, ese delicioso tango cuya letra es una oda a la milonga frente a los embates de la nueva ola de sonidos extranjeros y anglófonos. De todas formas tanto cuidado no sirvió. Porque Carlos, el padre (mi abuelo) llegó tarde esa noche, cenó un poco de sopa con puchero y se tiró derecho al sobre. Por lo que pudo escuchar Graciela, los jueves tenía reunión de delegados con los compañeros de la fábrica y se quedaban hasta tarde discutiendo de política. O algo así, cosas que ella mucho no entendía.

La escena se borronea y aparece otro flashback en sepia. Es una mañana bien temprano. El calendario nos botonea que es Mayo de 1976. Afuera se escucha el repiqueteo de la lluvia. En el comedor está Graciela, de estricto guardapolvo, tomando un té con tostadas. Adela y Carlos hablan en voz baja al lado de la puerta. Adela está visiblemente nerviosa. Carlos la calma. Quedate tranquila, Adelita, no me va a pasar nada. Se acerca y le da un beso en la frente a Graciela. Cuidate Gra querida. Le da un beso a Adela. Gira el picaporte, ese que ya estaba gastado por las tardes de baile con la Yoli, le tira un beso a Gra y cierra la puerta.

Esa tarde el picaporte no giró. Carlos no volvió a casa. Ni al día siguiente. Nunca. Se transformó en una incógnita en medio de un país gobernado por derechos y humanos. Carlos y otros siete delegados pasaron a integrar la lista de los desaparecidos de la Dictadura. Y Graciela se encerró varias tardes, varios meses, escuchando Creedence en su cuarto. A veces con la Yoli, a veces sola. Garabateaba en un cuaderno, con el poco inglés que podía, una canción que había aprendido a traducir.

Un frío sudor me corrió por la espalda. De pronto, volvimos a la fría madrugada del presente. Me di cuenta que mientras me hablaba yo no había largado el mate.

Dale que no es un micrófono, hijo. ¿Viste como llueve? Sí, viejita, dale un mate más y bancame que busco unos tornillos así ponemos el picaporte de vuelta.

Nos quedamos en silencio un rato, con el ruido del sorbo matero. Hasta que hablé.

Vieja, me quedó la duda, ¿qué canción garabateabas en el cuaderno? Si vos no sabés inglés, vieja!

¿Cómo que no, hijo? Algo me acuerdo de la escuela y además la Yoli sabía algunas cosas, ella fue un año a profesora particular… tengo esa hojita acá en la lata esta que está en la alacena. Me ayudó mucho a pasar esos momentos tristes, donde no sabíamos nada de tu abuelo y teníamos miedo, mucho miedo por lo que nos podía pasar. A ver… acá está.

Agarro el papelito, todo roto, amarillento y con letra escrita con pluma:

“Recuerdo a mi papá preguntándole “¿por qué?” Porque hay tantas cosas que no entendía. Y papá siempre sonreía y me agarraba de la mano, diciendo “algún día lo entenderás” Creedence, “Someday Never Comes”

 

Nota realizada por un alumno de Gente de Rock, Gabriel Hernandez, muchas gracias… lograste asomar unas lagrimas cuando lo contaba en voz alta a mi pareja. 

Elvis Villapol: “El jopo era el símbolo de los héroes…”

Elvis Villapol: “El jopo era el símbolo de los héroes…”

FICHA PERSONAL

Nombre:
Justo Carmelo Villapol
Nacimiento:
1951. Pcia de Corrientes, Argentina
Apodo:
Pedro y Elvis
Barrio de la infancia:
Balvanera, cerca del Abasto.
Primer disco:
Uno de Chubby Checker, el que tenía “Lets twist again”
Ídolo:
Ray Charles
El secreto en la enseñanza del rock:
Paciencia

 

La terminal de trenes de Chacarita se levanta majestuosa. Es uno de los barrios más antiguos y con más historia de la Ciudad. Justo, con su bolso y su jopo inconfundible, aparece entre la multitud que busca la bocanada caliente que envuelve la tardecita de sábado. Abre su sonrisa amable, saluda y se presta humildemente a una charla amena y de recuerdos laberínticos.
Justo es Elvis, Elvis Villapol. Algunos dicen que es el “maestro de maestros”, otros, unos de los mejores bailarines que hay en el circuito del rock and roll.
La cita fue en un bar lleno de magia y cámaras antiguas…un lugar plagado de historias, de fotografías. Un lugar que nos recibe con una música envolvente y compañera,
Charlar con Elvis es ir de un recuerdo a otro, es evocar una época en la cual vivió una infancia en donde las personas tenían más tiempo y conversaban en el puesto de diarios en el cual comenzó a trabajar a los diez años, en donde si mamá se enojaba lo corría con la chancleta o el cinturón del viejo, tardecitas mirando el inmenso televisor de dos canales y escuchando música en el winco con su hermana. Elvis es testigo y protagonista al mismo tiempo de una de las épocas más apasionantes…la época dorada del rock and roll. Aquí, la primera entrega.

P-¿Quién te pone el sobrenombre “Elvis” ?

E:-Mirá…fui creciendo con el jopo porque cuando era chiquito me peinaban con jopo, digamos que cuando iba a la escuela primaria ,en el año 58, se usaba eso. Nací en Corrientes en el 51 y vine acá a los cinco años. Cuando llegué a Bs As me informé mucho más, leía muchas revistas y veía que todos los héroes tenían jopo: Superman, Tarzan, Rod Hudson…hasta los de Bonanza, el pibito más joven (en alusión a Michael Landon). Era el símbolo de los héroes. Película que veía…todos tenían jopo ¡Y yo no me lo quería sacar! ¡ Hasta Lassie tenía jopo !(risas).
Y me quedó, no por Elvis, porque no sabía quién era Elvis.
Como será que cuando termino la primaria y caen acá los Beatles ,bah… comenzó la historia de ellos, algunos se dejaban flequillito y yo seguía usando el jopo.

Hasta que a principios de los sesenta, cuando tenía doce años, vi una película de Elvis en la que hacía de boxeador. Me fui a un cine en Munro con plata que me dio mi abuelo. Fui solo. A mi lo que me llamó la atención es que en la película lo destrozaban y él tenía mucha pinta..me quedó eso, no sé por qué…

P:- ¿Y cuál es tu nombre de pila?

E:-Me llamo Justo y me dicen Pedro por Pedrito Rico, un cantante español. Unas tías me lo pusieron y quedó en la familia. Elvis salió en el baile cuando era un pibe.

P:-¿ Y cuándo lo escuchaste a Elvis?

E:-Escuchaba un programa que comenzaba con “Zapatos de gamuza azul” (hace memoria)…mmm …pero pasaban la música de los 60. Era en la radio. La radio en mi casa estaba prendida todo el tiempo y así aprendí a escuchar de todo, tango, folclore…nosotros no la podíamos tocar, solo mis viejos tocaban la radio.

P:-¿En tu familia hay músicos, cantores, bailarines?

No, nadie…aunque a mi mamá le gustaba cuando hacía alguna fiesta y se terminaba de comer, que se corriera la mesa y había que bailar de todo. Mi mamá era correntina y mi viejo andaluz, y a él le gustaba todo lo que a ella le gustaba, se ve que estaba muy enamorado. Así que se bailaba de todo: paso doble, chamamé…Un día mi viejo se apareció con un televisor enorme como estas dos mesas. Lo compró en Frávega. Ahí comencé a mirar el Club del Clan…(se ríe)…Había dos canales nada más.

P:-¿Dónde aprendiste a bailar?

Fui autodidacta.Antes no existía nada. Yo aprendí a bailar, bailando…, además observaba, observaba mucho. Me gustaba el misterio corporal de Fred Astaire y Gene Kelly…ese dominio que tenían, ¡y no bailaban rock! Además el respeto absoluto por el compás…yo los veía y los entendía. Pero de cualquier manera lo mio fue algo particular porque a mi me gustaba lo antiguo. Existía el swing, que se escuchaba en las películas, pero acá se bailaba el rock and roll. Hasta que en los noventa hubo un resurgimiento de la música antigua. Yo veía cuando era pibe a los muchachos de los cincuenta que tenían una forma simple de bailar, y en donde está lo simple a veces está lo más difícil. Bailaban música de Dixileand (tararea) y a mi me encantaba…

P:-¿Y por qué elegiste el rock and roll?

No sé. Nadie me inculcó el rock and roll, nadie. Yo escuchaba en “El Club del Clan” a Jhony Tedesco, que era mi preferido, hacía un twist rockandrolleado. Era una especie de Elvis rubio.

P:-¿Y Sandro?

Sandro también me gustaba pero era tan under que hacía desastres…

P:-¿Era como el Jim Morrison argentino?

Claro…ahí está, aunque te parezca mentira( risas). No tan loco como Morrison pero… hacía covers, se tiraba al suelo, se despeinaba…imitaba a Elvis…a él le sirvió. Luego Nicolás Mancera lo llevó a “Sábados Ciruculares”,y las chicas enloquecían, le tiraban ropa interior¡ El programa duraba como cinco horas y lo llevaban al final!

P:-¿Cuándo comenzaste a enseñar?

A mi me fue a buscar Miguel Angel Zotto, de “Tango por dos”, que estaba en pleno auge. Fue hasta Gran Bourg, a la matineé de una bailaba en donde yo daba clases de rock. (Aclara que al mismo tiempo, en una FM que tenía el estudio arriba del local tenía un programa de radio que se llamaba “Golpeando el rock and roll” con cortina muscial de Chuck Berry, Little Richards y Elvis…)
Un día aparece Ángel y me comenta que donde trabajaba había un hombre, un negro grandote llamado Facundo que no tenía método de enseñanza….y como yo tenía lo básico y elemental me invitó a que comience a dar clases donde él estaba, en algunos lugares de tango.
Después estuve en La Viruta, la de la calle Oro.

-¿Qué le dirías a un alumno, futuro bailarín, cuando llega a esa etapa en que siente que no le sale un paso y se frustra?

-Me ocupo, me preocupo…en mi forma de enseñar le busco la vuelta. Si quiere aprender un paso se lo voy a desmenuzar. Vamos a hacer hasta la mitad y después continuamos.
A mi lo que me importa es corregir lo corporal. Yo les decía a mis alumnos:”hasta que no te salga… vos tenés posibilidades si manejás el peso del cuerpo bien Ahora, si querés aprender a bailar rock and roll para divertirte te entiendo, pero dentro de un año y medio vas a venir diciendo que querés bailar bien”.
El desafío mio es con aquél al que no le sale nada porque es sordo. Le digo que me siga para aprender lo mínimo e indispensable…siempre corrigiendo el tiempo musical, con paciencia. Además son cuarenta años de rock and roll, de gastar zapatos…

P:-¿Hay algún secreto en el baile?

Hay . Un secreto en el baile es trabajar mucho el pivot, en la mujer es muy importante y en el hombre también. Siempre hay un pivot que se debe hacer y no se hace, se tiene que ir trabajando constantemente. Esto es como cuando aprendés Kung-Fú y te enseñan a pegar de acá, de allá y vos decís:” pero yo cuando voy a pegar no voy a usar todo esto”.Yo te digo: “hacé todo eso porque de diez veces que te muestran cómo se hace, es una la vas a tener que utilizar, y “esa una” es real. Lo que necesitás es que el cuerpo se acostumbre a manejar eso que te enseñan. ¿Por qué siempre hacen abdominales? Porque el músculo pide, tiene memoria…Y el pivot es importante,hay que trabajarlo. Hoy se baila con pivot aunque como en el caso del swing que se baila hoy, es en forma desprolija. Está enseñado pero no está corregido. La corrección tiene que estar constantemente. Los contra giros, hay un ejercicio normal que le busqué la forma, hay que adelantar (cuenta en voz alta 1,2,3,4 y aclara que musicalmente son seis tiempos) Hay que adelantar el contragiro para que ese tres sea largo y caer, sea rápido o sea lento el tema. ¿Por qué? Porque vos adelantás el peso y no es que llegás justo, tenés que llegar antes…y eso está en una especie de pivot. Como ejercicio normal está todo muy distanciado pero cuando bailás achicás. Vos tenés que ir libre…el equilibrio es muy importante…lo fui aprendiendo a medida que fui bailando.
Lo que uno sabe lo tiene que usar para jugar en el baile, no fijarse tanto en lo que no sabe…eso ya va a llegar…Tenés que ir amasando lo básico.

¿Es importante bailar los temas lentos?

En los lentos es en donde se nota todo, en los rápidos tenés que tener destreza. En el lento tenés que darle justo. He notado que el ochenta por ciento de la gente de zona sur no sabe bailar lento, porque caminan…no saben bailarlo. Si no es rápido no es rock and roll y no es así.
Otra cosa, que hay que tener en cuenta es no bailar en redondo, Es un vicio. Vos podés girar pero no bailar en redondo. Hay que bailar en línea. Aparte al bailar en redondo te quita poder aplicar lo que estás aprendiendo.

 

 Nota: Yaela Barredo
Fotos: Emiliano Vargas – Ami Gerpe

Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Por Adriana Bruno

Se desliza por la pista de baile sin perder jamás la compostura… Y llama la atención, aunque pretenda confundirse con la centena de personas que, con sus más y sus menos, gastan el piso de La Viruta. El hombre de postura impecable, posiciones imposibles y tantas otras virtudes, se llama Rafael Francisco Mendaro, y desde hace dieciocho años da clases de rock and roll y de tango. Muchos de los maestros que hoy multiplican la enorme y creciente movida rockera en Buenos Aires y sus alrededores, aprendieron con él. Así como él dio sus primeros pasos junto al gran Elvis Villapol.

Así como lo ven ahora, por aquellos días Mendaro solamente había bailado en cumpleaños, casamientos y otras celebraciones de su ciudad natal, la entrerriana Nogoyá. Eso sí, cualquiera podría atestiguar que Rafael era el alma de la fiesta. Porque, claramente, aquel muchacho ya tenía el ritmo y la prestancia recorriéndole la sangre desde chico.

Su casa o La Viruta son las opciones que ofrece Rafael para la charla. Opción falsa, porque La Viruta ya es prácticamente su casa. En la famosa sala de Palermo es donde empezó a dar clases de rock y de tango, ritmos a los que después agregó el swing. Viene de organizar allí la 6º Edición del Virurock, uno de los más importantes concursos de baile de rock and roll amateur, y también viajó a Santiago de Chile, donde dio un seminario en el marco de “Chile baila Boogie Woogie & Rock and Roll”. Muy caballero, se dio el tiempo entre una clase y la otra para sentarse con Gente de Rock a repasar un poco de su historia, y dar (o no dar) algunos consejos a bailarines de toda clase.

“Empecé a bailar de bastante grande –cuenta-. Es que en mi ciudad no había mucho rock, y justo cuando vine a Buenos Aires se empezó a poner de moda la cumbia, que no me copaba mucho… así que cuando escuchaba un rock me ponía a bailar solo, así nomás. Ya tenía 28 años el día que pasé por Monroe y Arcos, un lugarcito chiquitito donde estaban bailando rock, y lo vi a Elvis Villapol. Me quedé fascinado, mirando desde la vidriera un rato largo hasta que me animé a entrar, pregunté, ya estaba terminando la clase, así que me citó para la siguiente. Y así empezó todo”.

Desde esa primera clase, ¿pasó mucho tiempo hasta que te convertiste vos mismo en profesor?

A los dos o tres meses de estar tomando clases, un día Elvis me dice ‘¿me ayudás con esta gente, para repasar el básico?’ Y bueno, me animé. Entonces iba una hora antes, a la clase de los principiantes, y en la hora siguiente tomaba mi clase en avanzados. Fui aprendiendo la dinámica de enseñar a la vez que aprendía. Al año comencé en La Viruta, con una clase semanal de 20, 25 personas, los sábados… al mes ya teníamos 150. El profesor que estaba se iba, y me quedé yo con la profe, Lucía (una muy buena bailarina de rock que ya no baila más), y después seguí con Natalia, que hoy tampoco está bailando. Al ver el crecimiento de esto pusimos otra clase más los miércoles y otra los domingos, y así fue creciendo. Después los llamé a los chicos Biggeri (los hermanos Ernesto y Ricardo), que son unos genios. Y seguí organizando clases, siempre en La Viruta.

¿En qué momento te diste cuenta de que te ibas a dedicar por completo al baile, de que ibas a hacer de esta pasión tu forma de vida?

En el 2000, con la caída de (el entonces presidente) De la Rúa, me quedé sin laburo en Diseño gráfico, que era mi profesión. Dejé de tener clientes, y como ya estaba dando clases de rock y de tango, me dije ‘bueno, le voy a poner pilas a esto’, y empecé a dar más clases, y a vivir de esto. Digamos que un poco me llevó la situación, pero por suerte en esto nunca me faltó trabajo. Y siempre me gustaron las profesiones libres, artísticas, independientes. Nunca creí en la autoridad, entonces no podía estar más de tres meses trabajando en relación de dependencia, porque no consideraba a una persona superior a mí en el sentido de que me podía mandar; respetaba su trayectoria, pero me terminaba aburriendo de obedecer. Con los maestros que tuve en el baile siempre fue diferente, porque la autoridad pasaba por el ejemplo: en ellos veía lo que yo quería hacer, adonde yo quería llegar.

¿Y el tango cuándo empezó?

Empezaron las dos cosas juntas. Llegué a La Viruta porque sabía que había clases de tango y de rock… hace ya dieciocho años de eso. Al tanguero le encanta el rock. De alguna manera están asociados. Hay mucha cultura de tango y rock juntos, mucho más que de tango y salsa, por ejemplo.  Y se pueden aprender simultáneamente porque en lo técnico son muy diferentes; no hay forma de confundirlos. El tango tiene una estructura de abrazo, que por ahí lo meto un poco más en el swing, o viceversa.

¿Existen realmente distintos estilos de bailar el rock, según los profesores?

¡¡¡Sí, totalmente! Hay estilos claramente marcados. Yo lo que trato de enseñar no es un estilo, sino una manera, una didáctica, para que el alumno después pueda elegir el estilo y no le cueste entenderlo. Es decir, le doy herramientas para elegir un estilo. Me parece que uno no tiene que crear clones, tiene que formar bailarines que elijan su propia manera. Y no los ato: que tomen las clases que quieran, donde quieran y con quien quieran; no soy el profe celoso. Yo aprendí de esa manera y me gusta enseñar de esa manera.

Desde tu experiencia, ¿cómo fue creciendo y/o cambiando la cantidad de gente que se acerca al rock para bailarlo, además de escucharlo?

Fue una oferta que la gente descubrió, y como la descubrió la empezó a tomar, y cada vez empezó a haber más gente bailando rock. Había muy pocos lugares y muy pocos profes. Elvis era uno de ellos, había un señor Charly, Horacio… gente grande que daba clases para un público también de gente grande. Nosotros juntamos un público más joven. Siempre laburamos desde el bajo perfil, sembrando sin estridencias, laburando acá, dando las clases, bailando con los chicos, con las chicas…

¿Es cierto que te gusta dar clases a principiantes?

Está re bueno. ¡Me encanta! Hay profes que reniegan de eso, pero está bárbaro. Es gente mucho más abierta, se emociona por todo, le parece todo mágico. El avanzado ya cancherea, se cree que las sabe todas, en cambio el intermedio o el principiante es mucho más permeable.

¿Qué consejo técnico le darías a un estudiante intermedio?

Al alumno intermedio o avanzado siempre le recomiendo el respeto por el cuerpo del otro, tratando de que la conexión entre la pareja sea fluida y suave, sin tirones innecesarios. Trabajo bastante sobre eso y sobre la musicalidad.

Y al que recién está empezando, o al que baila sólo para divertirse, ¿qué le dirías?

Desde la técnica, ¡nada! Es el momento del disfrute, de conectarse con los primeros pasos del baile y con la música. Aliento su avance y su entusiasmo.