Que es lo que más valora una follower de un leader?

Que es lo que más valora una follower de un leader?

Follower: quien se deja llevar, generalmente la mujer, pero no siempre!
Leader: quien guía, generalmente el hombre, pero no siempre!

Me imagino que la mayoría de nosotros, los leaders, nos hemos preguntado, en más de una ocasión, qué es lo que más valoran las followers de nosotros a la hora de bailar.

Después de recibir la colaboración de unas cuantas followers para poder hacer este artículo (yo les propuse que me enumerasen las cinco “virtudes” que buscan en un leader), tengo que decir que no me ha sorprendido mucho, más bien poco, las respuestas que he recibido por su parte.

Algo que se valora mucho, y por todas las followers, es ver una sonrisa en la cara de su pareja. Que bailen con alegría, que se les note que están disfrutando y que se lo contagien a su follower. Que les hagan sentirse relajadas y contentas. Y que no falte el sentido del humor, que se puedan reír, ambos, incluso ante un error.

Otro de los puntos a favor de un leader es su musicalidad e improvisación en el baile. Que sepan escuchar la música para que el baile tenga más sentido. Que sean creativos y no tengan miedo a probar pasos nuevos aún corriendo el riesgo de que salga mal.

También es importante para las followers  que el leader sea claro en las indicaciones, pero sin tirones ni brusquedades, una mezcla de firmeza y suavidad,  y que esté pendiente de los espacios, para evitar choques con otras parejas.

Algo que también es un plus en un leader es que deje espacio a su follower, que la deje crear, que haga que el baile sea cosa de dos .Que no hagan sentir a la follower como un mero objeto de adorno a su baile y a su lucimiento personal.

Y por último, entre las 5 grandes virtudes de un follower se valora la higiene personal: limpio, buen olor corporal, cambios de camisa o camiseta si se transpira abundantemente… y también se valora, aunque es menos importante, el tema de la vestimenta, el que el leader vaya elegante, aunque no es imprescindible.

Me encanta la aportación de una de las follower que expresa muy bien el sentir general de todas ellas

Limpio, sonriente, que tenga musicalidad, que sea suave al liderar y que sea divertido, no sé cómo decirlo, que improvise que me haga divertirme aunque no sea súper técnico. Y en resumen valoro más que sea majo y haya buen rollo al bailar que que sea buenísimo bailando y un rancio.

Hay un punto algo controvertido pues, si bien, algunas followers valoran que los leaders las corrijan y que les hagan una crítica constructiva, hay otra parte de ellas que aborrecen que les den lecciones, que paren en medio de un baile para corregirlas, y menos si no se lo han pedido. Por tanto, el tema “aleccionador” no se puede valorar como, ciertamente, positivo, depende de cada follower. Yo aconsejaría no corregir a no ser que nos lo pidan y a las followers que, si quieren saber alguna cosa concreta sobre algún paso o su forma de bailar, que tengan la iniciativa de ser ellas las que pregunten.

Todos estos puntos son los que más se repiten entre las followers pero quedan algunos más minoritarios pero no por ello menos importantes.

A las followers les gustan los leaders humildes, que no sean altivos, que no vayan de creídos y que no bailen compitiendo con el resto de leaders.

Que durante el baile esté centrado en su pareja y no en sí mismo o que esté a otras cosas como saludando a diestro y siniestro.

Que los leaders, en general, saquen a bailar que no se acomoden y estén esperando a que les saquen siempre las followers.

Que sean educados y corteses cuando rechazan bailar con alguien y, si es posible, busquen más tarde a esa follower para bailar con ella.

La lista de las cinco virtudes que más valoran las follower en un leader:

  1. Simpatía, alegría y buen humor
  2. Musicalidad e improvisación en el baile
  3. Indicaciones claras y sin brusquedades
  4. que dejen espacio a la follower para que pueda ser creativa
  5. higiene personal

Como decía al principio del artículo, no me han sorprendido ninguna de las “exigencias” de las followers ¿Y a vosotros? y  no menos importante ¿Qué os parecen?

Y para terminar, agradecer a todas las follower que, tan amablemente, han colaborado para hacer posible este artículo.

P.D.: Soy muy consciente, y además me parece genial, que, en los bailes relacionados con el swing se pueda elegir rol independientemente del sexo, es una realidad y no era mi intención ocultarla, es más, mi pareja es líder y follower indistintamente. Si he usado el género masculino para referirme al rol de leader y el femenino para el de follower es por la dificultad gramatical que ello conlleva y porque, lo queramos o no, los porcentajes en cada rol son mayoritarios de uno y otro sexo. Espero que nadie se haya molestado por haberlo hecho así y, espero, en un futuro, poder escribir un artículo al respecto.

 

Fuente http://daddyswing.es/que-es-lo-que-mas-valora-una-follower-de-un-leader/

Maestros: Miguel Truel, El hombre que vuela con los pies

Maestros: Miguel Truel, El hombre que vuela con los pies

Por Adriana Bruno

Miguel Truel era un ‘patadura’. Lejos de considerarse la alegría de las fiestas, su timidez lo llevaba bien lejos de las pistas. Y así fue creciendo hasta que un día… Si toda crisis alberga una oportunidad, fue el dolor de una separación lo que llevó a Miguel a descubrir una pasión y un talento. Muchos años -y mucho trabajo- después, aquel ‘patadura’ es hoy uno de los grandes bailarines y profesores de rock y americano.

A un año de radicarse, quizá definitivamente, en Alemania, Miguel Truel recibió a Gente de Rock para contar su historia (con hermoso romance incluido)  y, de paso, dejó algunos consejitos para que todos se animen a bailar, a mejorar y a ser felices.

Miguel nació y creció en el barrio de Once, en Capital, y a los 13 años se mudó junto a su familia a Florencio Varela, en la zona sur del conurbano bonaerense. Allí fue donde por primera vez tomó contacto con el “americano”. “A los 16 años empecé a ir a bailar a algunos boliches donde podía entrar con esa edad, como Radio Studio, o Caníbal, pero después de los 18 ya pude ir a Elsieland, Kriptonite, donde realmente aprendí a bailar el americano, porque rock no bailaba yo entonces. Ni nada”, recuerda Miguel. “Era duro para todo, no podía mover un pie. Solamente el básico americano, que era muy sencillo”.

–¿Cuándo empezó para vos el rock?

–Ojo, que antes estuvieron la salsa, la bachata… Fue después de mi divorcio, cuando empecé a tomar clases de baile. Hice cursos de afro, tomé el instructorado de salsa y ritmos latinos, y después de todo eso empecé a aprender rock, pero como un ritmo alternativo. Había ese concepto en general, de que el rock era un ritmo secundario. Pero a mí me gustaba más. Y un día, casi sin querer, empecé a dar clases, a pedido. Había ido a bailar a un pub, la gente me preguntaba por tal o cual paso, y finalmente los dueños me pidieron que fuera a dar clases. ¡Pero yo no me sentía preparado para eso!  Así que daba la clase y donaba la plata, así no me sentía responsable para nada.

Desde entonces pasaron unos 18 años. Y Truel se convirtió, además, en el referente local del Carolina Shag, un estilo estilizado y súper elegante. “Descubrí de casualidad el Carolina Shag, cuando vi a un bailarín que vino a la Argentina, y me pareció impresionante, me fascinó –cuenta-. Empecé a buscar los videos, pero no podía copiar nada porque era muy difícil copiar los tiempos. Y decidí aprender Carolina Shag. Empecé con Elizabeth Guerrero, una gran profesora de ballroom social, que también daba clases de West Coast Swing, que todavía acá ni existía. Y después un profesor norteamericano, Travis Bendt, me enseñò conteo del Carolina y del Hustle, que influyeron en mi americano. Y todo eso también me ayudó a crear mis propios juegos de pies para el rock, y figuras distintas. Ahí abandoné salsa, bachata y todo lo demás, y pasó a ser, para mí, el rock, el baile de primera.”

–¿Por qué creés que creció, en general, la consideración y la convocatoria del rock?

–El rock ahora tiene muchas influencias, y hay muchos profesores, como Selva Escandell, Rafael Mendaro, que le agregaron lo que faltaba. Antes se aprendía por imitación, pero no existía la técnica, no existía la persona que te diga: ‘son seis tiempos’, ‘se empieza con tal pie’. La técnica empezó a mejorar el rock. Y al mismo tiempo más gente se empieza a interesar.

–Por lo que contás, aún hoy sos tan alumno como profesor.

–Es que un profesor tendría que tener conocimientos, aunque sea un poco, de todo. Poder bailar otros ritmos y saber de qué se habla; haber conocido otros profesores y estilos. Y perfeccionarse en algo. Yo, por ejemplo, estoy esperando viajar a Estados Unidos para perfeccionarme en Carolina Shag. Fijate qué curioso, que antes fuimos a buscar un curso en Inglaterra, y cuando llegamos nos dimos cuenta de que nosotros podíamos hacer muchas más cosas que ellos. Fue una revelación maravillosa, porque es casi autodidacta lo que hicimos.

“La pasión del baile me llevó también a viajar”, comenta Truel, que pronto emprenderá un viaje que tiene que ver con el trabajo y con el amor. También dirá que el baile le cambió la vida que en algún momento tuvo. Recuerda que –ya de regreso a “Capital”- trabajaba como encargado de edificio. “Era un trabajo que me permitía mucho horario libre, porque lo hacía de 7 de la mañana a 3 de la tarde, después tomaba clases y después me iba a los boliches, tipo Azúcar, a seguir tomando clases, porque yo era una persona a la que le costaba muchísimo bailar. Y además encontré que el baile es antidepresivo. Yo salía de un divorcio, y me daba cuenta de que terminaba las clases de baile renovado. Entonces empecé a tomarlo también como una terapia. ¡Y ahí descubrí que podía moverme!

“Me costaba muchísimo bailar”

 

–¿Te acordás de tu primera clase de rock?

–Muchísimo. Estuve feliz, toda la clase haciendo básico frente a un espejo, asombrándome de que podía mover un hombro disociado del otro pie: eso fue increíble para mí. Me encantó, porque yo era demasiado duro. Y en algún momento pude soltarme y hacer cosas que no sabía que podía hacer. Diez años después de esa primera clase fue que decidí dejar todo y dedicarme solamente a esto.

–¿Te fue bien desde el principio?

–Uno tiene miedo de que no alcance la plata, de pasarlo mal. Y fue una sorpresa, porque nos arriesgamos, y nos alcanzó para vivir bien, para viajar… Y fue una felicidad saber que se puede vivir de lo que uno ama. Cuando la gente empezó a elogiarme, me costó mucho darme cuenta por qué, y más siendo una persona que nunca había bailado. Pero hubo un momento en que comencé a creerlo y me dije ‘algo debo estar haciendo bien’. Ahora confío en lo que hago y siento que soy uno de los referentes.

–¿Cómo influye el carisma personal?

–La gente me llega, me gusta, le tomo cariño. Y cuando uno lo empieza a manifestar, es un ida y vuelta: ellos me quieren y yo los quiero. La parte de contención es muy importante. Hay gente a la que no les vas a poder exigir técnica, porque no pueden, o porque son muy grandes, pero se los contiene. Esa parte es muy importante. Guardé la carta de una mujer, por ejemplo, que me dice que ella antes de mis clases se sentía gorda y fea, que venía en un estado de depresión muy grande… La parte humana es fundamental.

–¿Cuántos tipos de alumnos hay?

–Están los que te preguntan todo, y lo aplican o tratan de aplicarlo, y ya sabés que les podés exigir más. Despuás están los que no les interesa tanto, pero se pueden motivar. Y están los que… ¡hay que dejarlos que se diviertan!

–¿Qué consejo le darías a un principiante?

–Que tenga paciencia, que no todo se aprende inmediatamente, y que por lo tanto se relaje, se divierta, y que espere a que las técnicas que le vaya enseñando el profesor de a poco vayan entrando en su cuerpo, y así las pueda empezar a aplicar. Y nunca, nunca, dejarse apabullar, nunca permitir que le falten el respeto. Nadie no hace algo a propósito: no hace algo porque no le sale. Entonces el profesor que se enoja, lo está maltratando, y es porque él es una persona incapaz.  El maltrato puede hacer que esa persona no quiera bailar más. Y puede ser muy perjudicial en un estado anímico complicado.

–Y al que ya está bailando, ¿qué le dirías?

–Que preste atención a los detalles técnicos de lo que se le va enseñando. Pero que básicamente se siga divirtiendo.

–¿A los docentes?

–Bueno, no sé si estoy en condiciones de dar consejos a un docente. El que me daría a mí mismo es no dar tanta bola a lo que se puede decir de uno, porque a veces eso afecta.

Al lado de Miguel Truel, en el baile, en su instituto (TanzBA) y, sobre todo, en la vida, está Claudia Eimermacher. “Ella fue alumna, en su momento, y terminó siendo mi pareja de baile. Al principio no teníamos nada personal, aunque  a veces salíamos juntos con todo el grupo; un día hice una cena en mi casa, ella vino, yo le confesé que sentía cosas fuertes por ella, y ahí nomás empezamos: al día siguiente fue a buscar sus cosas y desde entonces vivimos juntos. Ya hace 8 años –confía Miguel-. Una vez nos separamos, Claudia se fue a Alemania, donde nació y vive su familia, y yo me fui a buscarla. Nunca había salido del país, ni sabía con qué me iba a encontrar, pero cuando nos vimos de nuevo decidimos que íbamos a seguir juntos.”

Alemania, justamente, es el nuevo desafío que le espera a Truel. Hacia allí partirán en un año, junto a su compañera, dejando en Buenos Aires a varios de los profesores que él mismo formó (“sobre todo en americano”, avisa). Se instalará en Frankfurt, y la idea es quedarse definitivamente, aunque sabe que tendrá que pasar por un período de adaptación, entre otras cosas, por el idioma. Pero no solamente. “¿Ven? En lo sentimental también fue el baile lo que me cambió la vida”, concluye este verdadero caballero, amable, bien dispuesto, cálido como pocos, que prefiere terminar la charla con una frase que no es un consejo, pero vale como tal: “Cada vez que salgo a la mañana de casa me siento un afortunado, agradezco permanentemente por poder vivir de lo que me gusta”.

 

Ping pong Truel

Signo: Virgo

Un libro: “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez

Una película: “Sueños de libertad” (con Morgan Freeman y Tim Robbins)

Un lugar en el mundo: Londres

Un tema para bailar:  “In dreams”, de Roy Orbison

Un tema para escuchar:  “Creep”, de Radiohead

La mejor virtud en una compañera de baile:  ¡la paciencia!

El síndrome del EGO del bailador

El síndrome del EGO del bailador

Extraido de Salsa Valencia

 

“En términos generales: cuando más mejora un bailador, mas grande se vuelve su ego. Frecuentemente, la velocidad a la que crece el ego es mayor que la velocidad a la que crecen sus cualidades como bailador. A medida que crece su ego es muy probable que se ralentice su crecimiento en el baile.

¿Quién está en riesgo?

Todos los bailadores están en riesgo de desarrollar el Síndrome del Ego del bailador, pero estarás en un riesgo elevado si caes en alguna de estas categorías:

– Has estado bailando mas de 1 año.
– Ya no sigues tomando clases de baile.
– Eres popular entre bailarines del sexo contrario o de tu mismo sexo.
– Tienes una gran ambición en el mundo del baile.
– Se te considera una persona que aprende rápido o que tienes talento natural.
– Consigues la mayor parte de tu formación a través de youtube.
– Eres considerado atractivo por otros bailadores en tu zona.

Por supuesto, caer en alguna de estas categorías no te garantiza desarrollar SEB, aunque hay que vigilar el ego con cuidado.

¿Cuales son los síntomas del ego del bailarín?

Comenzar a enseñar antes de estar listo o antes de ser entrenado por un profesional.

Tomar clases de nivel avanzado antes de tener el nivel y enfocarse en patrones antes que la técnica.
Ser demasiado crítico con otros bailadores e incapaz de aceptar críticas constructivas sobre su propio baile.
Culpar a otras personas por un mal baile y/o no ser capaz de divertirse con un bailarín de nivel inferior.
Sentirse superior en clase.
No aprovechar las oportunidades para mejorar su baile.

¿Como puede un bailador prevenir o curar su síndrome?

– Aprovechando cada oportunidad que tenga para aprender.
Nunca pienses que estás “demasiado avanzado” para una clase básica o que eres tan competente que no aprenderás nada asistiendo a un taller de técnica. Esto es clave para el estancamiento.

– Enfocándote en tu propio aprendizaje en clase, mas que en el nivel de los demás asistentes.
Ocasionalmente se ven bailadores que están mas preocupados por otras personas en clase que por si mismos. Cuando realizas este tipo de crítica ralentizas tremenda mente tu propio aprendizaje. Si tu pareja no sabe, trabaja sobre como puedas compensar el movimiento. Si van demasiado rápido en la clase, trabaja activamente para poder seguirla. Siguiendo esto sólo puedes ir a más. Enfocándote en tu propio aprendizaje podrás ver tus carencias en el baile.

– Pidiendo honestamente feedback sobre tu nivel de baile de parte de profesionales.
Los bailadores sociales son geniales, pero a menos que su nivel sea comparable al de un profesional, no son los mejores cualificados para darte feedback. Incluso si cada bailador social te dice que tu baile es genial, lo mas probable es que tengas carencias. Busca esa información de los profesionales, que son los que están en una posición de darte un feedback honesto sobre tu progresión. Es muy tentador escuchar todos los “bailas genial” e ignorar los “todavía te falta mejorar”, pero hacer eso sólo te sabotea a ti mismo y hace crecer tu ego.

– Reconociendo las áreas en las que te tienes que enfocar más y mejorar (especialmente la conexión).
No es fácil recibir una crítica y aceptar esas áreas de tu baile en las que necesitas mejorar, pero es una buena manera de mantener tu ego a raya. Si alguien te da un consejo (especialmente un profesional), deberías reconocer que puede ser algo sobre lo que debas trabajar.

– Recordándonos a nosotros mismos que no somos mejor ni peor que otro bailador de la sala.
Es tentador ver a neófitos en el baile como gente inferior, pero intenta mirar mas allá de tu ego y reconocer que cada persona que está compartiendo pista contigo tiene diferentes habilidades. Es posible que estés con reconocidos médicos, abogador, violinistas o deportistas de élite. No sería agradable que en su campo ellos te trataran como un idiota o una persona inferior, ¿no?

Un bailador no debería ser valorado solo por sus habilidades en la pista de baile. En general, todos tenemos múltiples facetas. Yo, a parte de bailar, soy empresario, desarrollador web, diseñador, profesor de esquí y mi técnica para montar a caballo no es precisamente exquisita. Estaría muy agradecido que nadie me juzgara por mi capacidad para montar a caballo y espero, del mismo modo que en el baile podamos dejar nuestro ego a un lado para valorar a los demás bailadores como personas.”

Conocés ejemplos? Te pasó alguna vez?

Elvis Villapol: “El jopo era el símbolo de los héroes…”

Elvis Villapol: “El jopo era el símbolo de los héroes…”

FICHA PERSONAL

Nombre:
Justo Carmelo Villapol
Nacimiento:
1951. Pcia de Corrientes, Argentina
Apodo:
Pedro y Elvis
Barrio de la infancia:
Balvanera, cerca del Abasto.
Primer disco:
Uno de Chubby Checker, el que tenía “Lets twist again”
Ídolo:
Ray Charles
El secreto en la enseñanza del rock:
Paciencia

 

La terminal de trenes de Chacarita se levanta majestuosa. Es uno de los barrios más antiguos y con más historia de la Ciudad. Justo, con su bolso y su jopo inconfundible, aparece entre la multitud que busca la bocanada caliente que envuelve la tardecita de sábado. Abre su sonrisa amable, saluda y se presta humildemente a una charla amena y de recuerdos laberínticos.
Justo es Elvis, Elvis Villapol. Algunos dicen que es el “maestro de maestros”, otros, unos de los mejores bailarines que hay en el circuito del rock and roll.
La cita fue en un bar lleno de magia y cámaras antiguas…un lugar plagado de historias, de fotografías. Un lugar que nos recibe con una música envolvente y compañera,
Charlar con Elvis es ir de un recuerdo a otro, es evocar una época en la cual vivió una infancia en donde las personas tenían más tiempo y conversaban en el puesto de diarios en el cual comenzó a trabajar a los diez años, en donde si mamá se enojaba lo corría con la chancleta o el cinturón del viejo, tardecitas mirando el inmenso televisor de dos canales y escuchando música en el winco con su hermana. Elvis es testigo y protagonista al mismo tiempo de una de las épocas más apasionantes…la época dorada del rock and roll. Aquí, la primera entrega.

P-¿Quién te pone el sobrenombre “Elvis” ?

E:-Mirá…fui creciendo con el jopo porque cuando era chiquito me peinaban con jopo, digamos que cuando iba a la escuela primaria ,en el año 58, se usaba eso. Nací en Corrientes en el 51 y vine acá a los cinco años. Cuando llegué a Bs As me informé mucho más, leía muchas revistas y veía que todos los héroes tenían jopo: Superman, Tarzan, Rod Hudson…hasta los de Bonanza, el pibito más joven (en alusión a Michael Landon). Era el símbolo de los héroes. Película que veía…todos tenían jopo ¡Y yo no me lo quería sacar! ¡ Hasta Lassie tenía jopo !(risas).
Y me quedó, no por Elvis, porque no sabía quién era Elvis.
Como será que cuando termino la primaria y caen acá los Beatles ,bah… comenzó la historia de ellos, algunos se dejaban flequillito y yo seguía usando el jopo.

Hasta que a principios de los sesenta, cuando tenía doce años, vi una película de Elvis en la que hacía de boxeador. Me fui a un cine en Munro con plata que me dio mi abuelo. Fui solo. A mi lo que me llamó la atención es que en la película lo destrozaban y él tenía mucha pinta..me quedó eso, no sé por qué…

P:- ¿Y cuál es tu nombre de pila?

E:-Me llamo Justo y me dicen Pedro por Pedrito Rico, un cantante español. Unas tías me lo pusieron y quedó en la familia. Elvis salió en el baile cuando era un pibe.

P:-¿ Y cuándo lo escuchaste a Elvis?

E:-Escuchaba un programa que comenzaba con “Zapatos de gamuza azul” (hace memoria)…mmm …pero pasaban la música de los 60. Era en la radio. La radio en mi casa estaba prendida todo el tiempo y así aprendí a escuchar de todo, tango, folclore…nosotros no la podíamos tocar, solo mis viejos tocaban la radio.

P:-¿En tu familia hay músicos, cantores, bailarines?

No, nadie…aunque a mi mamá le gustaba cuando hacía alguna fiesta y se terminaba de comer, que se corriera la mesa y había que bailar de todo. Mi mamá era correntina y mi viejo andaluz, y a él le gustaba todo lo que a ella le gustaba, se ve que estaba muy enamorado. Así que se bailaba de todo: paso doble, chamamé…Un día mi viejo se apareció con un televisor enorme como estas dos mesas. Lo compró en Frávega. Ahí comencé a mirar el Club del Clan…(se ríe)…Había dos canales nada más.

P:-¿Dónde aprendiste a bailar?

Fui autodidacta.Antes no existía nada. Yo aprendí a bailar, bailando…, además observaba, observaba mucho. Me gustaba el misterio corporal de Fred Astaire y Gene Kelly…ese dominio que tenían, ¡y no bailaban rock! Además el respeto absoluto por el compás…yo los veía y los entendía. Pero de cualquier manera lo mio fue algo particular porque a mi me gustaba lo antiguo. Existía el swing, que se escuchaba en las películas, pero acá se bailaba el rock and roll. Hasta que en los noventa hubo un resurgimiento de la música antigua. Yo veía cuando era pibe a los muchachos de los cincuenta que tenían una forma simple de bailar, y en donde está lo simple a veces está lo más difícil. Bailaban música de Dixileand (tararea) y a mi me encantaba…

P:-¿Y por qué elegiste el rock and roll?

No sé. Nadie me inculcó el rock and roll, nadie. Yo escuchaba en “El Club del Clan” a Jhony Tedesco, que era mi preferido, hacía un twist rockandrolleado. Era una especie de Elvis rubio.

P:-¿Y Sandro?

Sandro también me gustaba pero era tan under que hacía desastres…

P:-¿Era como el Jim Morrison argentino?

Claro…ahí está, aunque te parezca mentira( risas). No tan loco como Morrison pero… hacía covers, se tiraba al suelo, se despeinaba…imitaba a Elvis…a él le sirvió. Luego Nicolás Mancera lo llevó a “Sábados Ciruculares”,y las chicas enloquecían, le tiraban ropa interior¡ El programa duraba como cinco horas y lo llevaban al final!

P:-¿Cuándo comenzaste a enseñar?

A mi me fue a buscar Miguel Angel Zotto, de “Tango por dos”, que estaba en pleno auge. Fue hasta Gran Bourg, a la matineé de una bailaba en donde yo daba clases de rock. (Aclara que al mismo tiempo, en una FM que tenía el estudio arriba del local tenía un programa de radio que se llamaba “Golpeando el rock and roll” con cortina muscial de Chuck Berry, Little Richards y Elvis…)
Un día aparece Ángel y me comenta que donde trabajaba había un hombre, un negro grandote llamado Facundo que no tenía método de enseñanza….y como yo tenía lo básico y elemental me invitó a que comience a dar clases donde él estaba, en algunos lugares de tango.
Después estuve en La Viruta, la de la calle Oro.

-¿Qué le dirías a un alumno, futuro bailarín, cuando llega a esa etapa en que siente que no le sale un paso y se frustra?

-Me ocupo, me preocupo…en mi forma de enseñar le busco la vuelta. Si quiere aprender un paso se lo voy a desmenuzar. Vamos a hacer hasta la mitad y después continuamos.
A mi lo que me importa es corregir lo corporal. Yo les decía a mis alumnos:”hasta que no te salga… vos tenés posibilidades si manejás el peso del cuerpo bien Ahora, si querés aprender a bailar rock and roll para divertirte te entiendo, pero dentro de un año y medio vas a venir diciendo que querés bailar bien”.
El desafío mio es con aquél al que no le sale nada porque es sordo. Le digo que me siga para aprender lo mínimo e indispensable…siempre corrigiendo el tiempo musical, con paciencia. Además son cuarenta años de rock and roll, de gastar zapatos…

P:-¿Hay algún secreto en el baile?

Hay . Un secreto en el baile es trabajar mucho el pivot, en la mujer es muy importante y en el hombre también. Siempre hay un pivot que se debe hacer y no se hace, se tiene que ir trabajando constantemente. Esto es como cuando aprendés Kung-Fú y te enseñan a pegar de acá, de allá y vos decís:” pero yo cuando voy a pegar no voy a usar todo esto”.Yo te digo: “hacé todo eso porque de diez veces que te muestran cómo se hace, es una la vas a tener que utilizar, y “esa una” es real. Lo que necesitás es que el cuerpo se acostumbre a manejar eso que te enseñan. ¿Por qué siempre hacen abdominales? Porque el músculo pide, tiene memoria…Y el pivot es importante,hay que trabajarlo. Hoy se baila con pivot aunque como en el caso del swing que se baila hoy, es en forma desprolija. Está enseñado pero no está corregido. La corrección tiene que estar constantemente. Los contra giros, hay un ejercicio normal que le busqué la forma, hay que adelantar (cuenta en voz alta 1,2,3,4 y aclara que musicalmente son seis tiempos) Hay que adelantar el contragiro para que ese tres sea largo y caer, sea rápido o sea lento el tema. ¿Por qué? Porque vos adelantás el peso y no es que llegás justo, tenés que llegar antes…y eso está en una especie de pivot. Como ejercicio normal está todo muy distanciado pero cuando bailás achicás. Vos tenés que ir libre…el equilibrio es muy importante…lo fui aprendiendo a medida que fui bailando.
Lo que uno sabe lo tiene que usar para jugar en el baile, no fijarse tanto en lo que no sabe…eso ya va a llegar…Tenés que ir amasando lo básico.

¿Es importante bailar los temas lentos?

En los lentos es en donde se nota todo, en los rápidos tenés que tener destreza. En el lento tenés que darle justo. He notado que el ochenta por ciento de la gente de zona sur no sabe bailar lento, porque caminan…no saben bailarlo. Si no es rápido no es rock and roll y no es así.
Otra cosa, que hay que tener en cuenta es no bailar en redondo, Es un vicio. Vos podés girar pero no bailar en redondo. Hay que bailar en línea. Aparte al bailar en redondo te quita poder aplicar lo que estás aprendiendo.

 

 Nota: Yaela Barredo
Fotos: Emiliano Vargas – Ami Gerpe

Tips para bailarines! Parte 1

Tips para bailarines! Parte 1

Te compartimos algunos consejos que son importantes para que sea más cómodo bailar!

Estás de acuerdo? Qué consejo te parece más importante?

Video: Exhibición de Rock and Roll

Video: Exhibición de Rock and Roll

Exhibición en la Milonga La Nacional, sábado 23 de Abril de 2016.

Bailarines:
Vicky Fairhurst y Diego Churquina (primer tema)
Anita Castro y Juan Manuel Aron (segundo tema)

Y a vos, te gustaría hacer exhibiciones? Te gusta que te vean bailar?

Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Rafael Mendaro – “El arte de la elegancia”

Por Adriana Bruno

Se desliza por la pista de baile sin perder jamás la compostura… Y llama la atención, aunque pretenda confundirse con la centena de personas que, con sus más y sus menos, gastan el piso de La Viruta. El hombre de postura impecable, posiciones imposibles y tantas otras virtudes, se llama Rafael Francisco Mendaro, y desde hace dieciocho años da clases de rock and roll y de tango. Muchos de los maestros que hoy multiplican la enorme y creciente movida rockera en Buenos Aires y sus alrededores, aprendieron con él. Así como él dio sus primeros pasos junto al gran Elvis Villapol.

Así como lo ven ahora, por aquellos días Mendaro solamente había bailado en cumpleaños, casamientos y otras celebraciones de su ciudad natal, la entrerriana Nogoyá. Eso sí, cualquiera podría atestiguar que Rafael era el alma de la fiesta. Porque, claramente, aquel muchacho ya tenía el ritmo y la prestancia recorriéndole la sangre desde chico.

Su casa o La Viruta son las opciones que ofrece Rafael para la charla. Opción falsa, porque La Viruta ya es prácticamente su casa. En la famosa sala de Palermo es donde empezó a dar clases de rock y de tango, ritmos a los que después agregó el swing. Viene de organizar allí la 6º Edición del Virurock, uno de los más importantes concursos de baile de rock and roll amateur, y también viajó a Santiago de Chile, donde dio un seminario en el marco de “Chile baila Boogie Woogie & Rock and Roll”. Muy caballero, se dio el tiempo entre una clase y la otra para sentarse con Gente de Rock a repasar un poco de su historia, y dar (o no dar) algunos consejos a bailarines de toda clase.

“Empecé a bailar de bastante grande –cuenta-. Es que en mi ciudad no había mucho rock, y justo cuando vine a Buenos Aires se empezó a poner de moda la cumbia, que no me copaba mucho… así que cuando escuchaba un rock me ponía a bailar solo, así nomás. Ya tenía 28 años el día que pasé por Monroe y Arcos, un lugarcito chiquitito donde estaban bailando rock, y lo vi a Elvis Villapol. Me quedé fascinado, mirando desde la vidriera un rato largo hasta que me animé a entrar, pregunté, ya estaba terminando la clase, así que me citó para la siguiente. Y así empezó todo”.

Desde esa primera clase, ¿pasó mucho tiempo hasta que te convertiste vos mismo en profesor?

A los dos o tres meses de estar tomando clases, un día Elvis me dice ‘¿me ayudás con esta gente, para repasar el básico?’ Y bueno, me animé. Entonces iba una hora antes, a la clase de los principiantes, y en la hora siguiente tomaba mi clase en avanzados. Fui aprendiendo la dinámica de enseñar a la vez que aprendía. Al año comencé en La Viruta, con una clase semanal de 20, 25 personas, los sábados… al mes ya teníamos 150. El profesor que estaba se iba, y me quedé yo con la profe, Lucía (una muy buena bailarina de rock que ya no baila más), y después seguí con Natalia, que hoy tampoco está bailando. Al ver el crecimiento de esto pusimos otra clase más los miércoles y otra los domingos, y así fue creciendo. Después los llamé a los chicos Biggeri (los hermanos Ernesto y Ricardo), que son unos genios. Y seguí organizando clases, siempre en La Viruta.

¿En qué momento te diste cuenta de que te ibas a dedicar por completo al baile, de que ibas a hacer de esta pasión tu forma de vida?

En el 2000, con la caída de (el entonces presidente) De la Rúa, me quedé sin laburo en Diseño gráfico, que era mi profesión. Dejé de tener clientes, y como ya estaba dando clases de rock y de tango, me dije ‘bueno, le voy a poner pilas a esto’, y empecé a dar más clases, y a vivir de esto. Digamos que un poco me llevó la situación, pero por suerte en esto nunca me faltó trabajo. Y siempre me gustaron las profesiones libres, artísticas, independientes. Nunca creí en la autoridad, entonces no podía estar más de tres meses trabajando en relación de dependencia, porque no consideraba a una persona superior a mí en el sentido de que me podía mandar; respetaba su trayectoria, pero me terminaba aburriendo de obedecer. Con los maestros que tuve en el baile siempre fue diferente, porque la autoridad pasaba por el ejemplo: en ellos veía lo que yo quería hacer, adonde yo quería llegar.

¿Y el tango cuándo empezó?

Empezaron las dos cosas juntas. Llegué a La Viruta porque sabía que había clases de tango y de rock… hace ya dieciocho años de eso. Al tanguero le encanta el rock. De alguna manera están asociados. Hay mucha cultura de tango y rock juntos, mucho más que de tango y salsa, por ejemplo.  Y se pueden aprender simultáneamente porque en lo técnico son muy diferentes; no hay forma de confundirlos. El tango tiene una estructura de abrazo, que por ahí lo meto un poco más en el swing, o viceversa.

¿Existen realmente distintos estilos de bailar el rock, según los profesores?

¡¡¡Sí, totalmente! Hay estilos claramente marcados. Yo lo que trato de enseñar no es un estilo, sino una manera, una didáctica, para que el alumno después pueda elegir el estilo y no le cueste entenderlo. Es decir, le doy herramientas para elegir un estilo. Me parece que uno no tiene que crear clones, tiene que formar bailarines que elijan su propia manera. Y no los ato: que tomen las clases que quieran, donde quieran y con quien quieran; no soy el profe celoso. Yo aprendí de esa manera y me gusta enseñar de esa manera.

Desde tu experiencia, ¿cómo fue creciendo y/o cambiando la cantidad de gente que se acerca al rock para bailarlo, además de escucharlo?

Fue una oferta que la gente descubrió, y como la descubrió la empezó a tomar, y cada vez empezó a haber más gente bailando rock. Había muy pocos lugares y muy pocos profes. Elvis era uno de ellos, había un señor Charly, Horacio… gente grande que daba clases para un público también de gente grande. Nosotros juntamos un público más joven. Siempre laburamos desde el bajo perfil, sembrando sin estridencias, laburando acá, dando las clases, bailando con los chicos, con las chicas…

¿Es cierto que te gusta dar clases a principiantes?

Está re bueno. ¡Me encanta! Hay profes que reniegan de eso, pero está bárbaro. Es gente mucho más abierta, se emociona por todo, le parece todo mágico. El avanzado ya cancherea, se cree que las sabe todas, en cambio el intermedio o el principiante es mucho más permeable.

¿Qué consejo técnico le darías a un estudiante intermedio?

Al alumno intermedio o avanzado siempre le recomiendo el respeto por el cuerpo del otro, tratando de que la conexión entre la pareja sea fluida y suave, sin tirones innecesarios. Trabajo bastante sobre eso y sobre la musicalidad.

Y al que recién está empezando, o al que baila sólo para divertirse, ¿qué le dirías?

Desde la técnica, ¡nada! Es el momento del disfrute, de conectarse con los primeros pasos del baile y con la música. Aliento su avance y su entusiasmo.